Los dos mitos más contados por los sudcalifornianos

Niparajá y Pejesapo, las leyendas y mitos de Baja California Sur entre las más conocidas y extendidas de México.

Baja California Sur y sus destinos turísticos, como Los Cabos, son grandes en cultura y consolida el futuro de la fortaleza indudablemente de su gente, que también son grandes creyentes de sus tradiciones, esas que parten desde la prehistoria, de sus indigenas, y que hoy se ha conventido en el arte de los sudcalifornianos.

Baja California Sur en 1974, era conocido como el territorio sur de Baja California. Ocupa la parte sur de la península de Baja California, por ende las costumbres y los mitos podrían llegar a ser similares entre ambos estados.

Uno de los mitos más comunes que la gente sudcaliforniana cuenta de generación en generación es el Niparajá, cuenta la mitología pericú que en el cielo vivía Niparajá, ser supremo creador del firmamento, la tierra y el mar, quien poseía poderes extraordinarios y había dado a los hombres y mujeres las pitahayas, los peces y los árboles. El gran señor tenía una esposa llamada Anajicojondi, ella le había dado tres hijos sin tener contacto carnal, ya que carecía de cuerpo. Uno de sus hijos llamado Cuajaip, había sido un hombre de carne y hueso que habitó la tierra por un largo tiempo para adoctrinar a los humanos.

Un día los hombres se rebelaron contra Cuajaip, lo mataron y colocaron sobre su cabeza un ruedo de espinas; ellos creían que el cielo estaba más poblado que la tierra ya que en tiempos remotos hubo espantosa guerra contra Niparajá provocada por un demonio llamado Tuparám, también nombrado Bac.

La leyenda asegura que Niparajá estaba en contra de las guerras y el malvado Tuparám a favor, por lo que cuando una persona moría flechada no descansaba en el cielo, su espíritu iba a parar a la cueva de Tuparám.

Otro de los mitos es el del Pejesapo, los pescadores sudcalifornianos le tienen terror, se dice que se oculta debajo de las lanchas e intenta voltearla y así se vuelve un reto para los lancheros.

Los cabeños afirman que cambian de color en forma de roca o arena y no es posible encontrarlo. Se cuenta que se acerca a la playa del amor en la bahía de Cabo San Lucas, para asustar a los choyeros, pero es inofensivo.

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