Madre de estudiante asesinado no descansó hasta que limpió el nombre de su hijo

La Paz.- El 27 de febrero del 2020 en Todos Santos murió Haydeé Verdugo, madre de Javier Francisco Arredondo Verdugo, asesinado por militares el 19 de marzo del 2010, junto con Jorge Antonio Mercado Alonso, ambos estudiantes de excelencia del Tecnológico de Monterrey.

Por más de nueve años la madre de Javier, originaria del Pueblo Mágico, luchó para que el Estado mexicano reconociera públicamente que Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo eran estudiantes del Tecnológico de Monterrey y no sicarios.

Fue hasta el 19 de marzo del 2019 cuando las familias de ambos jóvenes lograron que el gobierno de Andres Manuel López Obrador pidiera disculpas públicas y con ello limpiar el nombre de los estudiantes, asesinados por el Ejército en un operativo y criminalizados por el gobierno de Felipe Calderón.

La madre de Javier luchó para limpiar el nombre de sus hijo, pero no logró que se hiciera justicia en este caso de crueldad e impunidad.

Javier Francisco, de 24 originario Baja California Sur y Jorge Antonio de 23 años de Coahuila.

Ambos estudiaron Ingeniería Mecatrónica en el Tecnológico de Saltillo y, por ser estudiantes de excelencia, lograron que el Tec de Monterrey los becara para cursar estudios de posgrado.

Los hechos
De acuerdo a los reportes de diversos medios de comunicación el 19 de marzo de 2010, a las 00:38 horas, los jóvenes seguían en la biblioteca del Tecnológico estudiando para los exámenes trimestrales, la biblioteca en temporada de exámenes trabaja las 24 horas.

A las 00:40, una persecución de militares contra presuntos delincuentes había llegado a las inmediaciones del instituto, en el cruce de la avenida Eugenio Garza Sada y Luis Elizondo. Allí se desató una balacera.

Para las 00:45, Jorge y Javier dejaban las instalaciones del Tec para dirigirse a la casa de estudiantes donde se alojaban. Pero minutos después, sus cuerpos quedaron tendidos sobre el suelo y, a decir del gobierno, en lugar de mochilas y credenciales de identificación, “portaban” armas de grueso calibre.

Tanto el gobierno de Nuevo León, entonces a cargo del priista Rodrigo Medina, como las fuerzas federales afirmaron que se trataba de dos sicarios “armados hasta los dientes”, a quienes el Ejército había logrado abatir.

Cuando las propias autoridades del Tec confirmaron la identidad de Jorge y Javier, las autoridades optaron por decir que los jóvenes eran víctimas colaterales y que habían quedado en medio del fuego cruzado.